
Foto: Concejo de Bogotá
Para miles de bogotanos, la llamada al 123 empieza de la misma manera: música a todo volumen, una fiesta que se extiende hasta la madrugada o un establecimiento que altera la tranquilidad del barrio. Entre enero de 2024 y junio de 2026, ese teléfono recibió 586.647 llamadas relacionadas con ruido excesivo.
La respuesta de las autoridades registrada en ese mismo periodo fue mucho menor: 694 comparendos por comportamientos contrarios a la convivencia asociados con ruido, de acuerdo con información entregada por la Secretaría Distrital de Seguridad a la concejal Diana Diago en respuesta a un derecho de petición.
El dato supone una diferencia considerable entre los reportes y las medidas correctivas: aproximadamente un comparendo por cada 845 llamadas. Para la concejal Diana Diago, esa distancia evidencia problemas en la capacidad de la Administración de Carlos Fernando Galán para responder a una de las quejas más recurrentes de los ciudadanos.
“Los ciudadanos denuncian, pero lo que estamos viendo es una Administración poco efectiva para responder. Tenemos más de 586 mil reportes por ruido y apenas 694 comparendos”, dijo la concejal. También cuestionó qué ocurre con los llamados que hacen los ciudadanos después de comunicarse con la Línea 123.
Los reportes no están distribuidos de manera uniforme por Bogotá. Suba aparece en primer lugar, con 83.144 llamadas entre enero de 2024 y junio de 2026. Le siguen Kennedy, con 73.697, y Engativá, con 63.972. Bosa registró 44.375; Usaquén, 41.764; Ciudad Bolívar, 37.441; Rafael Uribe Uribe, 30.858; San Cristóbal, 26.073, y Chapinero, 21.398.
Solo Suba, Kennedy y Engativá acumularon más de 220.000 reportes.
El fenómeno tampoco desapareció durante 2026. En los primeros seis meses del año, la Línea 123 recibió 100.503 llamadas relacionadas con ruido y se registraron 178 comparendos asociados con este comportamiento. La relación fue de aproximadamente un comparendo por cada 565 reportes.
Pero las cifras requieren una precisión: una llamada al 123 no equivale automáticamente a una infracción sancionable. Un reporte puede requerir verificación en terreno, no encontrar al responsable o corresponder a una situación en la que no se cumplen las condiciones para imponer un comparendo. Por eso, la diferencia entre llamadas y sanciones no permite determinar por sí sola cuántos casos fueron atendidos o cuántas actuaciones policiales se realizaron.
El punto planteado por Diago es otro: qué sucede entre la llamada de un vecino y la eventual intervención de las autoridades.
El reclamo aparece además en barrios concretos. La concejal ha publicado durante los últimos años reportes de residentes que aseguran haber llamado a la Policía por ruido sin obtener una respuesta, entre ellos casos en San Cristóbal Norte y en el sector de la carrera 10 con calle 29.
Para la cabildante, el problema termina afectando algo más cotidiano que una estadística de convivencia: la posibilidad de dormir y descansar en la propia vivienda.
“El ruido está robándole el derecho al descanso a miles de ciudadanos”, afirmó Diago, al pedirle a la Administración una respuesta más efectiva frente a los casos reportados.
La discusión queda ahora sobre la capacidad de Bogotá para transformar cientos de miles de llamadas en intervenciones verificables y, cuando corresponda, en medidas contra quienes incumplen las normas de convivencia.